Julio 2009. Cuando se rompe el cristal y consigues liberarte de las esposas. Cuando sacas la cabeza del pozo en el que te habían sumergido y por fín puedes respirar. Cuando te odias por no haber luchado...
He encontrado este fragmento que escribí hace un tiempo rebuscando por ahi...
He empezado por escribir fragmentos de mí.
Y tú no apareces en ellos. Ni tú ni nadie.
No los mereces, así como yo no me merezco esto.
Porque me siento como una idiota, y no lo soy.
Lo peor de todo es que lo sabía, y me he callado.
Tu mientes, yo finjo, y todo, porque tenía esperanza.
¿Esperanza? No, sólo embustes, eso es lo que tenía.
Eso era lo que me aferraba, a pesar de todo.
Lo que todavía no entiendo es esa tranquilidad,
ese "aquí no pasa nada".
Parece ser que en esto te sobra experiencia, no?
Eres despreciable, y aún así no consigo odiarte,
ni la mitad de lo que debería.
Soy demasiado buena...
Si aún pudiera escapar de esta pesadilla,
pero tu hipocresía me ha hecho caer más hondo,
y ahora no hay vuelta atrás.
Ni siquiera frotarme y rascarme la piel me ayudará.
Quiero pensar que tú me das igual,
que lo único que me importan son las palabras.
Pero cada vez que me doy cuenta de todo
hiervo más y más, y tengo ya llagas y ampollas por dentro.
Qúe situación más estúpida, por favor.
En realidad te equivocaste desde el principio.
No pensabas que esto se te iría de las manos,
que yo fuese tan espabilada y tan tonta a la vez...
Y ahora no puedes escaparte de tu tela de araña, y me retienes contigo...
viernes, 26 de febrero de 2010
jueves, 18 de febrero de 2010
Devuelveme lo que es mío!
Me dijiste que cuidarías de mi corazón mientras yo cuidase del tuyo. Pero yo nunca quise, y lo hice a regañadientes, por no ser grosera contigo.
Siempre lo supe, siempre supe que no quería dártelo, porque no te pertenecía, aunque quisiera ocultármelo.
Tu me diste el tuyo, y no cuidé de él. Lo pisé y me reí de él cada vez que tuve oportunidad. Y no me siento mal por ello. No me siento culpable. Bueno, quizas un poco enfadada conmigo mismo por ser tan cruel...
Cruel, tú me dijiste que yo era cruel, y me enfadé. Pero tenías razón, y si lo hubieras sabido todo no hubieras tenido palabras en la boca para insultarme y maldecirme.
Sincieramente, no sé que hiciste con el corazón que te presté. Matarlo de aburrimiento. Y cada vez que intenté recuperarlo, entre sollozos y sonrisas tímidas intentaste retenerlo un poquito más.
Despúes los papeles cambiaron.
El mentiroso fuiste tu, me lo devolviste. Mejor dicho, me lo tiraste a la cara, pero simulando un bonito pase para no quedar mal. Y yo me lo tragué todo.
Rompí a llorar por egoísta, por quedarme sin corazón al que maltratar. Así que intenté remediarlo, diciéndote que podrías venir a visitar al mío de vez en cuando.
Pero, que coño! - "Dámelo! Devuelveme todo lo que es mío y te presté, porque nunca fue tuyo".
Me enfadé y te aparté de un empujon. - "Ahora si que se lo voy a dar a alguien, a la primera persona que pille, sólo por despecho".
Lo sé, un error. Volví a equivocarme. No importa.
Yo mismo volví a recuperarlo y a guardarlo bajo llave, elegantemente.
Por favor, hace unos meses fui a ver como estaba y había desaparecido...
¿alguien sabría decirme dónde está? Soy un desastre...
Siempre lo supe, siempre supe que no quería dártelo, porque no te pertenecía, aunque quisiera ocultármelo.
Tu me diste el tuyo, y no cuidé de él. Lo pisé y me reí de él cada vez que tuve oportunidad. Y no me siento mal por ello. No me siento culpable. Bueno, quizas un poco enfadada conmigo mismo por ser tan cruel...
Cruel, tú me dijiste que yo era cruel, y me enfadé. Pero tenías razón, y si lo hubieras sabido todo no hubieras tenido palabras en la boca para insultarme y maldecirme.
Sincieramente, no sé que hiciste con el corazón que te presté. Matarlo de aburrimiento. Y cada vez que intenté recuperarlo, entre sollozos y sonrisas tímidas intentaste retenerlo un poquito más.
Despúes los papeles cambiaron.
El mentiroso fuiste tu, me lo devolviste. Mejor dicho, me lo tiraste a la cara, pero simulando un bonito pase para no quedar mal. Y yo me lo tragué todo.
Rompí a llorar por egoísta, por quedarme sin corazón al que maltratar. Así que intenté remediarlo, diciéndote que podrías venir a visitar al mío de vez en cuando.
Pero, que coño! - "Dámelo! Devuelveme todo lo que es mío y te presté, porque nunca fue tuyo".
Me enfadé y te aparté de un empujon. - "Ahora si que se lo voy a dar a alguien, a la primera persona que pille, sólo por despecho".
Lo sé, un error. Volví a equivocarme. No importa.
Yo mismo volví a recuperarlo y a guardarlo bajo llave, elegantemente.
Por favor, hace unos meses fui a ver como estaba y había desaparecido...
¿alguien sabría decirme dónde está? Soy un desastre...
martes, 16 de febrero de 2010
SE. Jornada 11

Quiero poner mis manos entre las tuyas, que las agarres fuerte y les des calor.
Porque las tengo heladas, llenas de llagas y heridas, por el frío y el viento.
Quiero hundir mi cabeza junto a tu hombro y cerrar los ojos, porque el viento me despeina y de todas maneras no puedo verte, así que por lo menos puedo sentir tu olor y escuchar tu respiración.
El ruido de todo lo que hay alrededor me esta volviendo loca, y hace que te sienta muy distante, muy lejos de aquí...
Podríamos saltar, saltar, saltar... y romper la placa de hielo que hay bajo nuestros pies.
Caeríamos juntos en el agua, y sería un placer.
Dicen que el agua conserva su temperatura en invierno bajo el hielo... y por lo menos estaríamos calentitos...
Más calentitos que aquí en el exterior, más calentitos que en nuestras noches juntos bajo las sábanas...
Quiero dejar de tiritar, y que vuelva el calor. Que vuelva la locura con él, la fuerza y la vitalidad. Las sonrisas y la eterna felicidad.
Quiero no tener que usar la ropa, poder pasear descalza, reír, no quiero parar de reír y de volver a sudar contigo.
Pero ahora estamos en medio de la ventisca, con los copos de nieve atizándonos el rostro.
Me dejaré aquí contigo, y yo, mientras, iré a pasear por las calles cubiertas de blanco con mis gafas de sol, con la nariz helada y expulsando vaho por la boca...
No tardaré mucho, cuídame bien, que los dos me tenemos mucho aprecio.
lunes, 8 de febrero de 2010
Subida al Everest. 7 de Febrero de 2010. Jornada 1

El sabado por la noche salimos del campamento base.
Estabamos asustados, porque sabíamos que el camino va a ser largo y duro. Pero por otro lado estabamos tranquilos, seguros de que vamos a conseguir este reto.
Decidimos pensar en todas las ventajas del camino, el maravilloso paisaje que veremos y lo fuertes y constantes que nos va a hacer esta experiencia.
Pero el primer día fue muy duro. Me invadió una pena inmensa ver el campamento base desierto, y pensar que estará frío y abandonado durante tanto tiempo...
La primera remontada fue increiblemente difícil. El terreno era escarpado y el clima horrible. El viento soplaba sin parar, y yo pensaba que saldría volando en cualquier momento.
Mi desesperación llegó hasta tal punto que pensé en dejarme llevar por el viento y dejar que me llevara de vuelta, porque desandar el camino sería imposible.
Despues de mucha agonía, hicimos noche, en la que apenas pude pegar ojo. Al día siguiente al despertar, miré a mi alrededor y sentí como un jarro de agua fría. Ví donde me encontraba y me sentí tan sola y pequeña ante la inmensidad de las montañas que me rodeaban...
A pesar de todo, el ascenso continuó, y pude pasar el resto del día sin problemas.
Hoy de nuevo a sido un dia agotador, pero uno menos para llegar a la cima.
Почему вы плачете?
Я не знаю... (No lo sé)
Toda la mañana intentando averiguar que es lo que me ocurría. Le daba vueltas al bolígrafo, mientras estaba sentada en el avión, y con miedo a levantar la cabeza, pensando en tantas cosas y a la vez en nada. Me daba miedo pensar, no podía pensar, me daba rabia pensar.
Cada pensamiento felíz me hacía llorar. El simple hecho de llorar me hacía llorar, mirar por la ventana me hacía llorar, abrir la boca para ingerir algo (sólido o líquido) me hacía llorar, abrir la mochila me hacía llorar...
No, no podía soportar abrir la mochila. No quería ver mi libro, no quería ver la comida preparada en casa, ni el movil... (escuchar esas voces me hacía llorar, recordar todas las voces me hacía llorar, resonando en mi cabeza sin parar...)
Y, joder, hasta escribir me hacía llorar.
Unas horas antes era todo tan fácil, y parecía que en de ahí en adelante iba a ser todo tan difícil...
Porque en ese momento... era todo tan... angustioso...
Toda la mañana intentando averiguar que es lo que me ocurría. Le daba vueltas al bolígrafo, mientras estaba sentada en el avión, y con miedo a levantar la cabeza, pensando en tantas cosas y a la vez en nada. Me daba miedo pensar, no podía pensar, me daba rabia pensar.
Cada pensamiento felíz me hacía llorar. El simple hecho de llorar me hacía llorar, mirar por la ventana me hacía llorar, abrir la boca para ingerir algo (sólido o líquido) me hacía llorar, abrir la mochila me hacía llorar...
No, no podía soportar abrir la mochila. No quería ver mi libro, no quería ver la comida preparada en casa, ni el movil... (escuchar esas voces me hacía llorar, recordar todas las voces me hacía llorar, resonando en mi cabeza sin parar...)
Y, joder, hasta escribir me hacía llorar.
Unas horas antes era todo tan fácil, y parecía que en de ahí en adelante iba a ser todo tan difícil...
Porque en ese momento... era todo tan... angustioso...
jueves, 4 de febrero de 2010
Lo que hay entre el invierno y su reflejo en el espejo

Disfruto de los últimos rayos de sol cálidos que tendré en mucho tiempo, de la tranquilidad que me produce estar en un banco sentada al sol invernal, de ver a la gente pasar despreocupada, con sonrisas en la cara, o con gesto de concentración.
Niños correteando perseguidos por sus abuelos. Ancianos que pasean aprovechando una buena mañana. Hombres elegantes, elegantes de verdad, con sus maletines y portátiles. Mujeres casuales, vestidas con ropa cómoda y práctica.
Bicicletas, y el suave tráfico de los escasos coches y furgonetas de trabajo.
Y el sol.
Este maravilloso sol que me traspasa los vaqueros y hace que mis piernas empiecen a arder. Las ganas de quitarme el abrigo, y los rayos en mi cara...
Vale la pena entornar los ojos para ver lo que tengo alrededor.
Los bancos desnudos, la gravilla bajo mis pies, los grandes árboles sin hojas, los charcos del deshielo... El ambiente fresco traído por el viento, y el aire respirable.
Confortable realidad y perfecta metáfora.
Por el agradable momento presente en esta Florida, que alargaría todo el mediodía y parte de la tarde.
Por estos días soleados, alegres, deshechos como la nieve de aquí. Con los rayos de un sol que van directos al corazón...
... han hecho que el invierno deje de ser invierno, que se detenga momentáneamente, que sea un reflejo, un espejismo, una historia irreal en el interior de un espejo.
Y al salir, solo hay más invierno, frío, helado, oscuro, aunque espero que con sol (literalmente).
miércoles, 11 de noviembre de 2009
El perfume
Recojo tu camiseta del suelo.
Todavía está caliente y tu fragancia sigue pegada a ella.
La acerco a mi rosto, para inspirar su olor, y una latigazo de recuerdos me transportan lejos de esa diminuta habitación.
De repente estamos tumbados sobre la hierba, en un caluroso atardecer. Nos miramos a los ojos, sonreimos, y tu olor no me abandona.
Todo comienza a girar muy rápido a mi alrededor.
Es de noche, estamos en medio de un bosque. La luna llena nos ilumina mientras aullamos como lobos hambrientos.
Un flash.
El paisaje se mueve a toda velocidad a traves de un cristal.
Flash.
Estoy en mi cama. Me duele todo el cuerpo. Comienza a amanecer. Hace calor.
Aunque estoy cansada no puedo dormir, porque en realidad ahora tengo frío. Mi habitación, mi cama, mi almohada, mi pelo, huelen distintos. Como cada última noche.
Sigue estando oscuro, andamos por calles estrechas que conozco vagamente. Y ellas tambien sienten tu olor, lo sienten como lo siento yo, y como lo siente cada portal en el que nos detenemos. El paseo acaba siendo una loca carrera intermitente...
Empiezo a sofocarme, estoy bajo el sol, y por lo que arde debe ser el mediodia. Pero me asfixian más aún las calientes aguas en las que estamos sumergidos. Mejor buscamos una sombra.
Ahora se esta algo más a gusto, con café solo, con hielos.
Y bajo las estrellas, sentados cada uno en nuestro sillón, rodeados de humo, conversaciones interminables y ansias incontenibles.
Tambien puedo ver las ruinas de un castillo. Sus paredes gritan silenciosamente un secreto, y no puedo evitar sonreír al escucharlo.
Al igual que no puedo evitar sonreir cada vez que veo tu rostro, y cómo se iluminan tus ojos. Tu pelo relucía bajo los rayos del sol, y tu sonrisa me hacía sentir pequeña, cada vez que aparecía.
Finalmente, el viaje termina de nuevo en la habitación. Estoy sentada en la cama, apoyada contra la pared, con tu camiseta entre mis manos y los ojos cerrados.
Los abro y ahí estas tu, de pie, frente a mí. Mirandome con curiosidad.
Sonrío, sonríes, reimos.
Eres increible...
Todavía está caliente y tu fragancia sigue pegada a ella.
La acerco a mi rosto, para inspirar su olor, y una latigazo de recuerdos me transportan lejos de esa diminuta habitación.
De repente estamos tumbados sobre la hierba, en un caluroso atardecer. Nos miramos a los ojos, sonreimos, y tu olor no me abandona.
Todo comienza a girar muy rápido a mi alrededor.
Es de noche, estamos en medio de un bosque. La luna llena nos ilumina mientras aullamos como lobos hambrientos.
Un flash.
El paisaje se mueve a toda velocidad a traves de un cristal.
Flash.
Estoy en mi cama. Me duele todo el cuerpo. Comienza a amanecer. Hace calor.
Aunque estoy cansada no puedo dormir, porque en realidad ahora tengo frío. Mi habitación, mi cama, mi almohada, mi pelo, huelen distintos. Como cada última noche.
Sigue estando oscuro, andamos por calles estrechas que conozco vagamente. Y ellas tambien sienten tu olor, lo sienten como lo siento yo, y como lo siente cada portal en el que nos detenemos. El paseo acaba siendo una loca carrera intermitente...
Empiezo a sofocarme, estoy bajo el sol, y por lo que arde debe ser el mediodia. Pero me asfixian más aún las calientes aguas en las que estamos sumergidos. Mejor buscamos una sombra.
Ahora se esta algo más a gusto, con café solo, con hielos.
Y bajo las estrellas, sentados cada uno en nuestro sillón, rodeados de humo, conversaciones interminables y ansias incontenibles.
Tambien puedo ver las ruinas de un castillo. Sus paredes gritan silenciosamente un secreto, y no puedo evitar sonreír al escucharlo.
Al igual que no puedo evitar sonreir cada vez que veo tu rostro, y cómo se iluminan tus ojos. Tu pelo relucía bajo los rayos del sol, y tu sonrisa me hacía sentir pequeña, cada vez que aparecía.
Finalmente, el viaje termina de nuevo en la habitación. Estoy sentada en la cama, apoyada contra la pared, con tu camiseta entre mis manos y los ojos cerrados.
Los abro y ahí estas tu, de pie, frente a mí. Mirandome con curiosidad.
Sonrío, sonríes, reimos.
Eres increible...
miércoles, 21 de octubre de 2009
Zas!
- "Perdón"
Suena bien.
- "Olvidalo"
No creo que pueda.
Dicen que el tiempo lo cura todo, pero aún estoy esperando.
Ya no tengo ninguna duda, no me hace falta saber nada más.
Pagué un precio y creo que seguiré pagándolo...
Recuerdo que dijiste: "¿No puedes dejar de ser así?"
Me cambió la vida, y en cierto modo me gustó.
Me hice la cama, y dormí como un bebé.
No me arrepiento de nada, y no me importa decir que es una historia muy muy triste cuando una madre enseña a su hija que debería odiar a los desconocidos.
Y cómo narices pueden sacar de quicio tanto a alguien mis palabras? Para que me dijeran que sería mejor que me quedase callada y que siguiera escribiendo. A no ser que quisiera que esta vida se acabara...
No estoy preparada para "portarme bien", no estoy lista para una retirada (a tiempo como dirían algunos, aunque es totalmente falso).
Lo sabes, estoy muy loca y no tengo tiempo para andarme con rodeos.
Es muy tarde para arreglar las cosas, y no creo que lo hiciera aunque pudiese, porque sigo estando muy loca y no me puedo resignar a hacer lo que tu crees que debería hacer.
Suena bien.
- "Olvidalo"
No creo que pueda.
Dicen que el tiempo lo cura todo, pero aún estoy esperando.
Ya no tengo ninguna duda, no me hace falta saber nada más.
Pagué un precio y creo que seguiré pagándolo...
Recuerdo que dijiste: "¿No puedes dejar de ser así?"
Me cambió la vida, y en cierto modo me gustó.
Me hice la cama, y dormí como un bebé.
No me arrepiento de nada, y no me importa decir que es una historia muy muy triste cuando una madre enseña a su hija que debería odiar a los desconocidos.
Y cómo narices pueden sacar de quicio tanto a alguien mis palabras? Para que me dijeran que sería mejor que me quedase callada y que siguiera escribiendo. A no ser que quisiera que esta vida se acabara...
No estoy preparada para "portarme bien", no estoy lista para una retirada (a tiempo como dirían algunos, aunque es totalmente falso).
Lo sabes, estoy muy loca y no tengo tiempo para andarme con rodeos.
Es muy tarde para arreglar las cosas, y no creo que lo hiciera aunque pudiese, porque sigo estando muy loca y no me puedo resignar a hacer lo que tu crees que debería hacer.
lunes, 19 de octubre de 2009
Despertar
Despierto, abro los ojos y me ciega la luz de la mañana.
Miro a mi alrededor y pienso en todo lo que tengo.
Recuerdo cómo acabo de despertar, no de este corto sueño de una noche, si no de la pesadilla en la que había estado ahogada durante tanto tiempo. Tantos palos de ciego, que ojalá hubieran sido más que eso. Podrían haber sido por lo menos fuertes golpes de piñata y hubiese podido golpear con todas mis fuerzas a todo lo que tenía alrededor. Pero al final, no me ha hecho falta la violencia para aplastarlo todo.
Volver a empezar, eso sí que es un sueño, para hacerlo realidad.
Un sueño verdadero, lleno de sorpresas en el que cada instante es mágico.
Pensaba que este nuevo comienzo sería muy distinto a todo lo que tuve, sin palabras vanas, sin rodeos, sin una pizca de amor por nadie, tan sólo para mí... Pero por una parte estaba equivocada.
No es una ácida felicidad la que siento, es mucho más que eso.
Vivo enamorada, de la vida, de todo lo que me rodea, de cada cosa que hago, de mí misma...
Nada cambia de la noche a la mañana. Es una vida en la que te sumerges poco a poco, hasta acabar zambullendote por completo.
Por fin puedo nadar a mis anchas, disfrutar del agua cálida que me envuelve.
Y puedo tocar la hierba, sentir el terciopelo, y lentamente empiezo a acariciar mi cuerpo.
Por fin he descubierto que camino he de seguir. El de ser yo misma.
Miro a mi alrededor y pienso en todo lo que tengo.
Recuerdo cómo acabo de despertar, no de este corto sueño de una noche, si no de la pesadilla en la que había estado ahogada durante tanto tiempo. Tantos palos de ciego, que ojalá hubieran sido más que eso. Podrían haber sido por lo menos fuertes golpes de piñata y hubiese podido golpear con todas mis fuerzas a todo lo que tenía alrededor. Pero al final, no me ha hecho falta la violencia para aplastarlo todo.
Volver a empezar, eso sí que es un sueño, para hacerlo realidad.
Un sueño verdadero, lleno de sorpresas en el que cada instante es mágico.
Pensaba que este nuevo comienzo sería muy distinto a todo lo que tuve, sin palabras vanas, sin rodeos, sin una pizca de amor por nadie, tan sólo para mí... Pero por una parte estaba equivocada.
No es una ácida felicidad la que siento, es mucho más que eso.
Vivo enamorada, de la vida, de todo lo que me rodea, de cada cosa que hago, de mí misma...
Nada cambia de la noche a la mañana. Es una vida en la que te sumerges poco a poco, hasta acabar zambullendote por completo.
Por fin puedo nadar a mis anchas, disfrutar del agua cálida que me envuelve.
Y puedo tocar la hierba, sentir el terciopelo, y lentamente empiezo a acariciar mi cuerpo.
Por fin he descubierto que camino he de seguir. El de ser yo misma.
miércoles, 2 de septiembre de 2009
Cuentitos infantiles
Tras la quinta página del libro de cuentos apareció un dibujo que hizo estremecerse a los niños: representaba a un lobo vestido con enaguas y delantal. Acostado en una cama, tricotaba en espera de que la ingenua Caperucita usara su llave para entrar en la casa.
- Esa Caperucita es una boba -se burló el hijo mayor-. ¿Por qué no llama a la policía?¿Y por qué no sale corriendo a buscar al leñador?
- Porque si hay algo que el lobo sabe hacer muy bien, es hacerse pasar por otras personas. Puede entrar en cualquier casa si se le deja pasar.
- ¿Como en los tres cerditos?
- Claro, y tiene muchos poderes, como su gran soplido que puede derribar casas enteras. Pero el lobo es estúpido y siempre acaba siendo vencido.
- Llámalo mamá -pidió de repente el niño- ¡Haz que venga el lobo!
- ¡No! -chilló su hermana-. Nos comerá
- No si yo estoy aquí. -Su madre les guiñó un ojo-. ¡Lobo, ven! -gritó al techo, donde relucían los adhesivos de estrellas- Verás cómo lo vamos a llamar, y el lobo no aparecerá porque nos tiene miedo; sabe que no puede meterse en la habitación de los niños porque podríamos llamar al leñador, que le abrirá el estómago y se lo llenará de piedras.
- ¡Lobo, ven! -gritaron contentos-. Te vamos a llenar la barriga de piedras. ¡Te vamos a rellenar hasta que explotes!
Rieron y saltaron encima de la cama un buen rato, hasta que su madre los hizo meterse en la cama. Luego los arropó y se despidió de ellos.
- Hasta mañana, hijos. Y si en vuestros sueños aparece ese ser malvado, avisadme y traeré unas cuantas piedras del jardín.
Apagó la luz. No prestó excesiva atención al sonido que provino de debajo de la cama, un imperceptible levantar de astillas que evocaba un gato grande arrastrando sus uñas por el suelo.
Entró en la cocina y se sirvió un vaso de whisky. Leer cuentos le secaba la garganta.
- Bueno... al menos tu sí que me comprendes, ¿verdad? -preguntó a la botella.
Un ruido sordo llegó desde el cuarto de los niños, como si algún trasto se hubiese caído. Pero lo que comenzó a preocuparla fue un olor inclasificable, a medio camino entre el almizcle y excremento de pájaro.
Bebió un sorbo de la copa (para mojar los labios en un avance de lo que vendría después) y regresó junto a sus hijos.
Al abrir la puerta, su corazón dio un vuelco.
Sentado en la cama, royendo lo que quedaba de los brazos de sus hijos, un monstruo recubierto de pelo animal la miraba. Su boca, un amasijo de carne y restos de huesecillos machacados, se abrió ansiosa, mostrando dos hileras paralelas de colmillos y una lengua correosa. La cosa medía tres metros, y estaba acuclillada en una posición que hacia difícil adivinar dónde estaban situadas las articulaciones de sus miembros y hacia qué dirección se doblaban.
El Lobo miró a la madre, y dijo con el tono de voz exacto que ella había usado para describirle minutos antes:
- Estoy a punto de acabarme a tus hijos, zorra. Ya puedes traer las piedras.
- Esa Caperucita es una boba -se burló el hijo mayor-. ¿Por qué no llama a la policía?¿Y por qué no sale corriendo a buscar al leñador?
- Porque si hay algo que el lobo sabe hacer muy bien, es hacerse pasar por otras personas. Puede entrar en cualquier casa si se le deja pasar.
- ¿Como en los tres cerditos?
- Claro, y tiene muchos poderes, como su gran soplido que puede derribar casas enteras. Pero el lobo es estúpido y siempre acaba siendo vencido.
- Llámalo mamá -pidió de repente el niño- ¡Haz que venga el lobo!
- ¡No! -chilló su hermana-. Nos comerá
- No si yo estoy aquí. -Su madre les guiñó un ojo-. ¡Lobo, ven! -gritó al techo, donde relucían los adhesivos de estrellas- Verás cómo lo vamos a llamar, y el lobo no aparecerá porque nos tiene miedo; sabe que no puede meterse en la habitación de los niños porque podríamos llamar al leñador, que le abrirá el estómago y se lo llenará de piedras.
- ¡Lobo, ven! -gritaron contentos-. Te vamos a llenar la barriga de piedras. ¡Te vamos a rellenar hasta que explotes!
Rieron y saltaron encima de la cama un buen rato, hasta que su madre los hizo meterse en la cama. Luego los arropó y se despidió de ellos.
- Hasta mañana, hijos. Y si en vuestros sueños aparece ese ser malvado, avisadme y traeré unas cuantas piedras del jardín.
Apagó la luz. No prestó excesiva atención al sonido que provino de debajo de la cama, un imperceptible levantar de astillas que evocaba un gato grande arrastrando sus uñas por el suelo.
Entró en la cocina y se sirvió un vaso de whisky. Leer cuentos le secaba la garganta.
- Bueno... al menos tu sí que me comprendes, ¿verdad? -preguntó a la botella.
Un ruido sordo llegó desde el cuarto de los niños, como si algún trasto se hubiese caído. Pero lo que comenzó a preocuparla fue un olor inclasificable, a medio camino entre el almizcle y excremento de pájaro.
Bebió un sorbo de la copa (para mojar los labios en un avance de lo que vendría después) y regresó junto a sus hijos.
Al abrir la puerta, su corazón dio un vuelco.
Sentado en la cama, royendo lo que quedaba de los brazos de sus hijos, un monstruo recubierto de pelo animal la miraba. Su boca, un amasijo de carne y restos de huesecillos machacados, se abrió ansiosa, mostrando dos hileras paralelas de colmillos y una lengua correosa. La cosa medía tres metros, y estaba acuclillada en una posición que hacia difícil adivinar dónde estaban situadas las articulaciones de sus miembros y hacia qué dirección se doblaban.
El Lobo miró a la madre, y dijo con el tono de voz exacto que ella había usado para describirle minutos antes:
- Estoy a punto de acabarme a tus hijos, zorra. Ya puedes traer las piedras.
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