martes 1 de junio de 2010

No contribuyente

Le gustaba mirar por la ventana y ver a la gente pasear por la calle. Le gustaba el sol y la forma de las nubes. Le gustaba el cielo en general, incluso cuando estaba nublado. Le gustaba el ambiente de calor húmedo. Le gustaba la lluvia. Le encantaban las tormentas, sobretodo las eléctricas, ver cómo se iluminaba el cielo con los relámpagos. Le encantaba caminar bajo la lluvia. En esos dias le gustaba llegar tarde, para poder entrar al restaurante completamente empapada y que la viesen con una gran sonrisa en la cara. Le gustaba pasear por la ciudad. Pero también le gustaba el campo. Le gustaba cojer el coche y escapar. Le gustaba la vision de la autopista y perder de vista los edificios. Le gustaba caminar por carreteras sin asfaltar, junto al río. Le gustaban los bosques, el olor de la hierba y madera mojadas. Le gustaba sentarse en el columpio del jardín y fumar buen tabaco. Le gustaba tirarse en la hierba y leer un libro. Le gustaba quedarse dormida al sol, con la música puesta. Le gustaba tirarse en la alfombra a ver una pelicula, o poner la música a tope, subirse a la cama y cantar como si estuviese en un escenario. Le gustaba ducharse con agua ardiendo, y que el pelo se le secase al viento. Le gustaba el pelo largo. Le gustaba posar delante del espejo, e inventar túnicas y vestidos con la toalla.
Le gustaba la gente. Le gustaba su familia, llamarlos por teléfono y decirles lo mucho que les quería. Le gustaban sus amigos. Le encantaba quedar con ellos a tomar algo. Le gustaba simplemente observarlos, escucharlos. Le gustaba acompañarlos, ir a sus actuaciones, a sus exposiciones, a sus graduaciones.
Le gustaban los hombres. Le gustaba que se enamorasen de ella y que le invitasen a bebidas. Le gustaba sus ojos, su mirada misteriosa. Le gustaba que siempre estuviese bromeando. Le gustaba cómo le abrazaba. Le gustaba cuando se despertaba en mitad de la noche llorando, él viniese a arroparla y a decirle que todo iria bien. Le gustaba rodearle por la cintura. Le gustaba la manera en que se dirigía a ella, y su sonrisa. Le gustaba su risa vergonzosa a través del teléfono. Le gustaban las largas cartas con consejos, ánimos y largas historias sobre la vida. Le gustaba que le recordara que era su niña grande. Le encantaban sus veintimuchos que apenas se notaban, tan sólo en sus fin de semanas relajados y en la veces que le recordaba lo pequeña que era ella. Le encantaban los viajes en el coche, con las ventanas a medio abrir. Le gustaba que le acompañase a casa, despues de una larga noche. Le encantaba el color de su pelo bajo el sol. Le encantaban sus muecas y su perilla. Le encantaba como posaba sus manos sobre sus hombros. Le gustaba que le viese a medio desnudar y le dijese lo bonita que era. Le gustaba que confiase en ella, y le diera todas esas oportunidades.
Pero tambien le gustaban las mujeres. Le gustaban las mujeres con el pelo corto y rubio platino.
Le gustaba los dias soleados en invierno, y pasear por la calle con el pelo suelto. Le gustaba llevar gafas de sol y abrigo elegante. Le gustaban las botas y los cinturones. Y los vestidos. Le gustaba sonreir por la calle, aunque no lo hiciese a menudo.
Le gustaban las largas conversaciones con la gente más cercana, y las conversaciones banales con los desconocidos. Le encantaban los dias festivos, las vacaciones. Le encantaba llegar a casa cansada y tumbarse. Le encataba dormir y soñar, y cuando despertaba, continuar la historia de ese sueño durante todo el día en su cabeza. Le encantaba soñar despierta, imaginar situaciones de "que pasaría si...".
Le encantaba ir al supermercado y llenar el carro de cosas. También le gustaba comerse las cosas antes de llegar a la caja, y pagar la bolsa vacía. Le encantaba llegar a casa y abrir la nevera, sólo por puro placer. Le gustaba abrir una botella de champán y brindar por cualquier cosa. Le gustaba servirse un Baileys con hielo en las noches de invierno y leer un libro.
Le gustaban las librerías, el olor a imprenta. Pero aún más le gustaban las papelerías. Pasear entre las estanterías llenas de todo tipo de cuadernos, folios, gomas de borrar, boligrafos, tijeras...
Le gustaba el mar. Le gustaba mirar al horizonte durante horas, y luego bajar a la playa y caminar por la orilla al atardecer. Le encantaba ver atardecer, ver cómo el cielo se tenía de rojo y magenta.
Le gustaba coleccionar cosas, aunque nunca lo hiciese. Le gusaba robar los vasos y los cubiertos de los restaurantes. Le gustaba almacenar todos sus trofeos en cajas en su habitación. Y le gustaba meses despúes abrirlas y descubrir todas esas cosas inútiles y tirarlas a la basura. Le encantaba llenar la bolsa de la basura, se sentía satisfecha.

Todo lo que le gustaba la hacía felíz, pero al fin y al cabo todas esas cosas eran no contribuyentes en su vida, aunque fuesen lo más importante y el centro de ella. Porque en realidad ella no era más que una persona no contribuyente en el mundo en el que vivía, aunque para ella no hubiese nada más que ella. Qué más da quien fuera ella. Tan solo es una invención del cosmos, tan solo es algo no contribuyente en el inmenso universo en el que vivimos. Sin ella, sin una simple persona en el mundo, nada cambiaría, todo sería igual, ya que tan sólo somos cosas no contribuyentes con una vida no contribuyente, comparado con todo lo que nos rodea.

1 comentarios:

Nino Del piero dijo...

BUAJAJAJA
HOY ESTOY DE PER-VERSO..

pues no,
no me parece per-versa

mas bien
melancolica

necesita un novio marido
que la cure..

PUES NO HAY NADA QUE ESO
NO LO CURE..

el vandelium